domingo, 15 de febrero de 2009

Oscar Espinal

(ripped de http://www.latribuna.hn/news/190/ARTICLE/44676/2008-09-28.html)
Articulo de LA TRIBUNA (la tribuna cultural)

Fulgor Desnudo: La poesía en su máximo esplendor

Domingo 28 Septiembre 2008

Nery Alexis Gaitán

Fulgor Desnudo, del poeta Oscar Espinal, es un poemario profundo y hermoso. Profundo porque destila una filosofía de vida que recurre a las grandes corrientes del saber humano, con una gran maestría, como es la mitología griega, para recrear el mito de Paris; y establece además una visión de la existencia de la cual emergen atisbos de sabiduría. Hermoso porque vuelve a contar una vez más, el tormento del amor; porque recrea con belleza un destino humano prefijado por los escarceos de diosas y dioses en constante lucha. Hermoso, porque nos brinda una visión del amor en plenitud, con palabras que cincelan la belleza.

Fulgor Desnudo, es uno de los mejores poemarios publicados en Honduras en las últimas décadas. A continuación reproducimos el prólogo elaborado por el Dr. Livio Ramírez, así como una selección de poemas del libro: 

Prólogo 
Conozco la trayectoria literaria de Oscar Espinal, definida desde el comienzo: La poesía y el ensayo, asumidas como asuntos fundamentales. La pasión y el interés metódico por la lírica contemporánea, paralela a una vocación orientalista, singularizan su personalidad. 
Oscar viene de largas y reposadas lecturas, de las jornadas formativas y críticas del taller “Jacobo Cárcamo” donde se gestó una generación de poetas y narradores, diferente de las promociones anteriores en la práctica literaria y la solidaridad fraterna. Su búsqueda interior concluye en lo que ellos mismos llaman generación universal. 

“Paris”, primera parte de “Fulgor Desnudo”, es un extenso poema dramático que evidencia la cultura clásica del autor; los diálogos que contiene son de un lirismo radical que deviene en una luminosa pintura verbal. Obra de su imaginación, estos diálogos son una inmersión en el mito, que aquí tiene por objeto retomar temas esenciales de la pareja, de seres que dialogan en una atmósfera signada por una suerte de intemporalidad. 

Está claro que el objeto de reabordar mitos y figuras clásicas, es recrearlos en nuestra contemporaneidad tal como lo hacen los actuales maestros de la poesía griega: Cavafis, Ritzos, Flitis, Seferis… 
El poema “Paris” en ningún momento decae y ciertamente bastaría para justificar el libro. Es una clara muestra de la capacidad de Espinal, para manejar con ritmo el largo discurso lírico, el vasto corpus-poéticus, que sin la destreza técnica, la lógica constructivista, el sentido de la progresión y el dominio formal y temático no se hubiera logrado. Aquí asistimos a la creación de una auténtica atmósfera poética. 
Además lee en las entrañas del mito y accede a una dimensión ontológica, sobre todo cuando conjunta en la imagen poética la meditación y el canto. 

“Frescor del Alba”, segunda parte del libro, es un conjunto orgánico de poemas amorosos, donde el lirismo a veces vertiginoso y a veces reposando, reivindica para sí un espacio cualitativo en nuestra poesía contemporánea. La sensualidad, sin el arrebato pasional, concreta en estos poemas un erotismo lírico donde la mujer, imagen de la poesía, redime y permite acceder a una dimensión de sueños y creación. 
No es difícil advertir la influencia de Octavio Paz en el tratamiento luminoso de la imagen; de Luis Cernuda en la plática meditativa y de César Vallejo que asoma en la compleja tonalidad amorosa, la asimilación es inteligente sin menoscabo de su propia creatividad. 
El poema “Preñez” que cierra este segmento y da curso a una ternura esencial, pone al lector a la orilla de un amor naciente, y como el autor afirma, la preñez, es el “poema sin palabras”, la transparencia de lo sagrado, lo que “abre y cierra nuestros sueños en un eterno florecer súbito”. 

“Cenizas”, tercer componente del poemario, contiene una verdadera ars-poética, con influencia de la cultura oriental, un marcado interés por la metafísica patentizado en el poema dedicado a Jorge Luis Borges y una visión armoniosa y vivaz del hombre con la naturaleza. 
“Más allá de la orilla”, es un texto que afirma definitivamente la vida en un plano enteramente existencial.
El excelente poema “Sirena”, es de un sostenido lirismo plástico, y admirable dignidad metafórica, donde la noción de canto en su más noble acepción está asumida en su textura reflexiva como vehículo de conocimiento y orienta, al decir de Cesare Pavese, su oficio de poeta.

Helena y Paris 
(En Egipto)

Paris: 
Real es el fulgor sagrado 
Que conserva la vida 
De la desolada quimera de Gizeh.

Real es el remolino abierto 
Con la desnudez inocente de tus ojos 
Entre las divinas pirámides.

Real es tu aroma, 
Sándalo que rodea la inmensa noche.

Real es la inmaculada línea de tu cuerpo 
Y el interminable vértigo 
Cuando levanto tu velo, Isis, sobre el Nilo.

Real es la ventisca 
Que esparce tu melodioso hechizo 
Por el bajo Egipto, 
Las miradas del imperio 
Se precipitan en el abismo de tu encanto.

Eras la reina de Esparta 
Pronto serás la inmortal reina de Ilión, 
Allí, en la lumbre de sus abrasados dominios 
Las piedras de silencio abren puertas de piedras 
El cielo abre otro cielo 
Y las esfinges están dentro de otras esfinges.

En este laberinto 
No soy rey ni sacerdote 
Ni general de insignias sagradas 
Ni gigantes con la fuerza de mil toros 
Corno Heracles; 
Pero por ti atravesaré innavegables mares.

Más allá del bien y el mal 
Afrodita, la perfecta, 
Nos alzará inflexibles en la pureza 
Por siglos nuestras vidas no conocerán ruina 
El destino nos reserva el amor 
Ahora seremos leyenda.

Helena, flor del Nilo, 
Luz deshojada en mi lecho, 
Loco te abrazo vacilante, 
Inmóvil naranjo en llamas, 
Mi lengua palpita entre tus labios, 
En la blancura derramada de tu piel 
Mis dedos habitan tu talle, 
Ciegos, buscan tu follaje 
En la oquedad de la litera; 
Fogosa te enervas con mis versos 
Vino y miel es tu cuerpo tendido en la sombra.

Helena: 
Mis ojos, gota a gota, se agigantan, 
Bañan desde el vértice la pirámide, 
Los laberintos, las galerías y la piedra caliza 
Que cubren el desierto.

Desesperada busco la serenidad 
De tus brazos, de tu torso desnudo 
Y sedienta me aprisiono 
Con ansia en tu costado, 
Me hundo en el horizonte de tus labios 
Frondosos como el cielo; 
Después de la danza tibia que tú haces eterna 
Una quietud nos invade de placer: 
Un letargo en la plenitud del vacío.

Un brillo 
Inmortal nos cubrirá al amanecer, 
A la orilla del Nilo 
Donde el cielo esculpió 
Esa esfinge misteriosa 
Que ve con ojos de muerte 
Y su cabellera tiene más vida 
Que las palmeras del oasis. 
Paris, tus ojos tienen el verde 
De la selva en primavera, 
Te asomas a mi vida, ruiseñor, 
Por la ventana 
Guiado por las estrellas de Afrodita; 
Como peregrino llegas a las riveras de Esparta 
Donde Menelao, sincero, te ofrece 
Su mirada y sus ninfas, 
Luego embriagados con el frenesí de Dionisio 
Adoraron la vid 
Hasta que el viento marino, 
Rumbo a Creta, llevó a Menelao; 
Entonces, abriste mi espacio con tu palabra leve 
Me prometiste que la corona eterna de Ilión 
Adornaría mi frente, si partía contigo 
A ese imperio de dioses 
Y de carruajes, de perlas y de osadas flautas de oro. 
Allí seré musa, jardín de brisa, fuente de rocío.

Al descubrir mi ausencia y truene furioso 
Mi marido confuso, 
Me pregunto: 
¿Llorará su nívea cabeza mi partida? 
Arrebatado con su espada 
Buscará en las cuevas de Hades, 
Vaciará el Ponto con sus manos, 
Ola tras ola hasta tirar los arenales 
Y agitará la cabeza del embustero que penetró su reino 
Hasta ver la tumba del atrevido que me rapta.

¿Y Príamo? 
¿Qué dirá tu padre al no ver a Hesione, su hermana?
Esa fogosa mujer seducida por Telamón; 
Si te ordenó liberar su cuerpo, 
Si te ordenó regresar en la nave, 
Con la princesa secuestrada 
Y en su lugar llevas 
A la esposa del enemigo 
Dormida entre las sábanas.

Llovizna 
Tu mirada cubre el cielo 
Y surges de todas las cosas.

Tus ojos son mis símbolos, 
La esencia de mi universo.

Hoy tengo mil ojos sobre tus ojos 
Estoy atado por esas brazas 
Que amarran tu cuerpo; 
Condenado a tus pétalos de cristal 
Que sin mirar me miran. 
Y todo me lo dicen, sin decir, tus ojos. 
Despiértame señora de mis noches, 
Déjame ser en tu presencia, 
Sin tus ojos iré a tientas por la vida, 
Me perderé en ti, sin encontrarme.

Me deslizo por caminos invisibles 
Y como semilla me entierro, 
En tus cavernas encantadas, 
Eres jardín donde reverdezco cuando sonríes.

Un solo cuerpo en la ventisca 
La inquietud desnuda 
Donde ocultas tu amor 
Brota de ti misma: 
Sombra que desde tus ojos me ilumina: 
Arrullo son tus manos, 
Flores con el tibio frescor secreto 
Es tu rostro de sol.

Atardece 
Y tu voz está a mi lado 
Esquiva rosa prometida 
Tu transparencia 
Es el perfume de mis sueños.

Dime inconfesable dueña de la mañana, 
Laurel inmóvil, 
Jade es espiga, 
¿Entraré en tu noche, centinela del amor? 
¿Seremos un solo cuerpo en la ventisca?

Flor en el viento 
Cada día en la intimidad 
Te engaño contigo misma, 
Allí eres tú y eres otra.

Cada día mis ojos corren desnudos 
Por tu pecho encantado, 
Breve delicia en espiga, 
Amor que amas el amor, 
Dulce hoja llovida, 
Soplo de flor en el viento, 
Tú que calmas mi sed de la mañana, 
Mi río de deseos, 
En el frescor de tu ribera; 
Reclina en mi pecho 
Tu frente de dormido lirio 
Y llévame en tu nube 
Sin nombre ni sentido.

Noche 
¿Acaso el sabor a llovizna 
En esta noche de septiembre 
Desciende de tus ojos?

¿Acaso tu esplendor de primavera 
Opaca el amanecer? 
Dime que nuestro amor, 
Florecido entre las manos, 
No es un espejismo. 
 
Dime si este vaporoso sueño 
Nos dejará cubiertos de rocío.

Brisa de verano 
Con la pasión secreta, 
Tu cuerpo entre mi cuerpo 
Es fuego derramado 
Llama y ceniza, 
Historia sin fin, 
Miel de luna, 
Ligera arpa encantada 
Por el juego del amor.

Con brisa de verano 
Me das el frescor de tu boca, 
Como sirena 
Me entregas, en el rumor de la noche 
Tu cuerpo oscuro de insaciable oleaje.

Somos alondras nocturnas, 
Desbordados amantes sin nombre.

En la playa 
Con la desnuda música del horizonte, 
Somos el viento. 

Por encima del mundo 
La noche, desde su ventana, dibuja tu silueta. 
Entre tu follaje, descendida estrella, 
Tiembla la claridad el aire 
Y en alamedas arde 
Por estrujar tu cintura, abanico de curvas.

Tu aroma me arrastra, brizna de sol. 
Llévame en tu voz, sirena de mi delirio, 
Haz mi vida en tu vida, 
Por encima del mundo.

El río 
Desde lo alto, la tarde, 
Se extiende sobre nosotros 
Como un aleteo de pájaros. 
Como agua sobre arena blanca.

El ocaso mira más allá de la orilla, 
Más allá de las ventanas 
Abiertas de quietud.

En el cauce, 
Los chopos extienden sus brazos 
Para unir las orillas: 
-¡Qué feliz seré cuando despierte 
Tu canto y me arrulle 
De nuevo en el crepúsculo 
Tu sorbo de espuma, 
Y me acaricie tu marca 
De mujer en primavera!-

Río de mis sueños, 
Ahora sólo llevo tu dulzura, 
Tus riberas vacías 
Están llenas de amor.

Oropéndola 
Su primer beso 
Hizo brotar un amor 
Tibio como el rocío, 
Fue una victoria inmensa 
Sobre los temores. 
Con sus labios de almendra 
Tejió los amaneceres 
Y ahora su nido 
Es una nube de caricias.

Aquel Borges 
Su mirada intangible 
Descifrando lo oculto.

Su voz, fuego panteísta vertido en universos, 
Un lapidario hipérbaton de retornos.

Habló del poema de las eternidades.

Calló al reconocer en el cielo 
La sombra del otro en su ceniza.

Era el sueño de un sueño 
Que fue un laberinto 
Vislumbrado desde otros laberintos.

…Más allá de la orilla 
Navego, descalzo, entre los álamos 
La sombra, el olvido; 
Navego más allá de la orilla 
Donde el silencio camina 
A ras de suelo.

Recorro campos, escojo maniobras, 
En los espacios libres de la tarde 
Descanso junto a los sauces, 
Sueno como los dioses 
Y trazo en el viento la forma 
Y con ceniza lleno un lienzo.

Me agrada ser sólo un hombre. 
Levantarme y buscar el comienzo entre las manos 
Encontrar ese camino con los dones de la vida 
E ir más lejos cada día.

Dentro me dibuja un espejo, 
La imagen adora su luz de luciérnaga, 
Que toda la noche 
Es un delirio de colores.

Cuando descubra qué hago aquí 
Mi vuelo dispersará la soledad 
Corno polvo en el camino 
Y encontraré el horizonte en esta página. 
La ausencia de amor se desvanece 
Y a veces hasta la tristeza nos cubre de vida.

Es un lujo hablar a solas, 
Ocultarse en los espejos 
Y ser un dibujo 
Que finja moverse en pedazos.

Mientras el mundo se mueva 
Extenderé el camino de regreso, 
Andaré al otro lado de la calle 
Y con astucia conoceré las cosas nuevas.

La planicie de nubes ha inundado las orillas, 
Abajo el sendero es un laberinto en la hojarasca, 
Lejos se difumina la ceniza 
Y la luz de la luna envuelve los ojos. 
Veo que los años no me han endurecido 
Tampoco se ha acabado mi sed, 
En la búsqueda encontré un símbolo, 
Un prodigio que me abisma, 
En este oficio, la palabra, 
Conduce al hombre 
A ser el mismo y ser otro.

Más allá de la orilla 
Navego entre los álamos, 
La sombra, el olvido.

El otro río 

Las imágenes crecen, deshacen el eco: 
Se esparcen los sueños alejándose entre la niebla, 
Se desliza el silencio en el rumor de la tarde. 
En el mundo, por inmóvil y apacible, pasan: 
El amor, la juventud, la vida; 
Pero algo queda: La memoria de los siglos 
Y en ella sosegados 
Flotan los recuerdos: 
La nube nos entrega la brisa, 
La mujer suelta su cabello en música, 
Y flotan la nostalgia, la noche, el día. 
Flotan las tardes en el cenegal 
Donde el sol es un corcel 
Que regresa entre sus cenizas. 
Flotan Homero y Virgilio entre los libros 
Que son infinitos como los sueños; 
Hasta la poesía, la casa que nos abriga a todos 
Flota en este río. 
II 
Descienden las sombras, 
Se dispersa el oleaje, 
La noche desborda las estrellas, 
Y todo pasa y queda en el tiempo sucesivo. 
Es un río que ilumina los secretos 
Y aclara los enigmas del follaje.

Acaso su lecho es el camino 
Que sigilosa nos revela la poesía, 
Para despertar 
Con el amanecer entre las manos.

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